Category: Et cetera

Los he visto de cerca, solemnes y magníficos,
poniéndose su cuerpo cada día
mientras les duele el cráneo desvestido.
Los he visto en la tierra, azotándose,
gusanitos de Dios sin esperanza.
Colgados de la vida,
con su domingo a cuestas que tarda en regresar
una semana.

Cerca del testimonio de mis ojos
los he visto extinguirse
o surgir de repente de los árboles –grupos de
lámparas mirando cómo los desentierran–
apretando en las manos su mendrugo.

Siniestros se destruyen quemándose los brazos
pedacito de ocote envenenado.
Les han dado de palos cruzándoles cadenas
y su cabeza es solamente
desatado concierto de campanas.

Giran extraños, imperfectos,
zopilotitos ciegos rodeando su esqueleto,
creciéndose hacia abajo
solitarios y débiles del mundo,
viciosos, sí,
descalzos
sin ojos o sin manos,
sin uñas o sin dientes.

Los he visto de cerca,
los he visto y me duelen
porque me pertenecen, porque los vivo míos.

 

 

(Tomado de http://www.materialdelectura.unam.mx/index.php/16-poesia-moderna/poesia-moderna-cat/324-175-thelma-nava?showall=1)

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Las fiestas por el rapto de Europa, mayo 14

Dentro de las fiestas del calendario romano, un día antes de los Idus de mayo se celebraba la fiesta de Europa. Ésta era de suma importancia, pues se celebraba nada menos que el nacimiento de Europa como territorio (la tercera parte del mundo conocido).

 

Vale poco la pena parafrasear el mito cuando Calasso (Las bodas de Cadmo y Harmonía) ya lo hizo con tan aguda eficiencia. Por lo que les dejo aquí, una de las fuentes clásicas (Ovidio, Fastos) y el extracto del libro del italiano.

Júpiter, en figura de toro, ofreció su lomo a la muchacha tiria y llevó falsos cuernos en la frente. Ella sujetaba con la derecha la crin del toro y con la izquierda su capa, y el propio miedo le prestaba un extraño atractivo. El viento le abombaba el regazo, el viento agitaba su cabellera rubia. Muchas veces encogió sobre el agua sus pies de niña y temió el contacto del agua que salpicaba; muchas veces el dios prudente agachó hasta el agua su lomo para que ella pudiese agarrarse más fuertemente a su cuello. Al arribar a la playa se puso de pie Júpiter sin ninguna clase de cuernos, transformándose de toro en dios. El toro pasó al cielo; a ti, muchacha sidonia, te dejó embarazada Júpiter y la tercera parte de la tierra lleva tu nombre.

Ovidio, Fastos, V, 605 y ss