Perfecto como yo (microteatro)

Perfecto como yo

Personajes:

Pablo, hombre de mediana edad, jorobado, con la cara llena de llagas

Rita, mujer deforme, con una joroba, fea y con aspecto siniestro

 

ACCIÓN

Una habitación con una silla en el centro. Cerca de la silla hay algunas cuerdas. Pablo y Rita abren la puerta entre carcajadas. Ambos son visiblemente deformes, él viste al modo hípster pero transmitiendo asco y lástima, Rita va con un vestido sensual, sin embargo su apariencia induce a la repulsión)

Pablo.- Hace mucho que no me divertía así.

Rita.- Ni yo, de hecho hace mucho que no salíamos, podría decir que desde nuestros tiempos de escuela.

Pablo.- La escuela… era tan desagradablemente bonita.

Rita.- (Gritando) ¡Bonita!

Pablo.- (Pausa) Esa palabra me repugna.

(Ambos ríen a carcajadas; acomodan sus cosas en el perchero y en otros muebles de la casa)

Pablo.- ¿Quieres…?

Rita.- ¿Qué…?

Pablo.- ¿Sentarte?

Rita.- ¿Lo dices en serio?, ¿tienes ganas?

Pablo.- Sí, creo que sí.

Rita.- (Se ruboriza y asiente halagada) Hace mucho que no me lo pedías.

Pablo.- Y hace mucho que no me la pasaba tan bien, desde la escuela, el internado, supongo.

Rita.- Los buenos recuerdos producen excitación.

Pablo.- Pues, no, o al menos no tanta como la que siento ahorita.

(Pablo la ata a la silla, ella lo observa sin ocultar su emoción; la toca en distintas partes del cuerpo: el cabello, los senos, la joroba, las piernas, etc. Después le da un golpe para que ella responda)

Rita.- ¡Amor mío!

(Pablo vuelve a golpearla, ella se excita aún más)

Rita.- ¡Amor mío! (Gime excitada)

Pablo.- ¿Qué quieres?

Rita.- ¿Puedo decirte que mi pasión por ti me embriaga?

Pablo.- Dímelo…

Rita.- Pienso en ti todo el día, sueño contigo, te pienso en todo momento…

Pablo.- Dime más.

Rita.- ¡Pégame!

Pablo.- ¡Más!

Rita.- ¡Muérdeme!

Pablo.- ¡Más!

Rita.- ¡Anoche soñé contigo!

(Pausa, aunque le excitación sigue la intensidad disminuye)

Pablo.- Yo también sueño contigo… ¡todas las noches!

Rita.- ¿Y qué soñaste ayer?

Pablo.- Que te golpeaba, así, y que te gustaba.

Rita.- Y por eso estamos haciéndolo ahora.

Pablo.- ¿Y tú? ¿Qué soñaste tú ayer?

Rita.- Soñé con ese día… en el internado.

Pablo.- Ese día, (recuerda) con el niño.

Rita.- Sí, con el niño que no encajaba, el que se aferraba a ser molestamente normal.

Pablo.- Ya casi lo había olvidado.

Rita.- Yo jamás lo olvido. ¿Me dejas halagarte?

Pablo.- Dilo.

Rita.- (Apasionada) Estás más feo que nunca, eres el ser más horrible que he visto en mi vida.

Pablo.- (Sin creérselo) Cuando me dices esas cosas debo evitar que se me suba el orgullo a la cabeza. No sé si piensas bien o si es que eres víctima del amor o de la… pasión que me tienes.

Rita.- Créeme, amor mío, es la verdad, la pura verdad. Eres horrible, eres inevitablemente repugnante.

Pablo.- Sigo sin creerte.

Rita.- No, amor; mi único y devastador amor, mi locura, cada vez más emblemáticamente paradigma de lo horrendo, de lo desagradable, de… lo que somos tú y yo.

Pablo.- (Halagado, un poco cursi) Nunca pensé que fuera para tanto. Yo evito comparar diciendo “soy más” o “soy menos” porque no me gusta compararme con los hombres, (pausa) porque yo no soy un hombre.

Rita.- Eres más hombre que todos, y se lo demostraste a ese ser perfecto en la escuela para niños con deformidades.

Pablo.- (Suspirando) La escuela…

Rita.- ¿Cómo podrías dominar la pasión que me hiciste sentir en ese momento? Yo no soy como esas intelectuales que se entregan a la trivialidad de las aventuras o a las pasiones cerebrales, yo soy una mujer sencilla que sólo puede desear lo mismo que lleva dentro: eres asqueroso, eres feísimo, eres un monstruo, como yo.

Pablo.- Y como todos los niños de esa escuela.

Rita.- Todos menos ése. ¡Qué día tan feliz!

Pablo.- (Comienza a sufrir calladamente) Rita, amor, recuérdame ése día.

Rita.- ¿Es que ya lo olvidaste?

Pablo.- No, pero dame los detalles.

Rita.- ¿No quieres seguir golpeándome?

Pablo.- (La golpea) Cuéntamelo.

Rita.- Estábamos en cuarto grado, todos los niños y niñas deformes, ninguno limitado físicamente, pero todos repugnantes.

Pablo.- ¿Tú entraste en ese mismo año?

Rita.- Así es, entramos dos nuevos, el niño y yo.

Pablo.- Fue una doble suerte, tú y el niño.

(La sala se oscurece y aparece un niño entre Rita y Pablo. El niño tiene una cara bonita aunque está triste y decaído, su semblante pálido remite a pensar en un espectro, se escuchan risas en un patio de juegos mientras sigue la narración).

Rita.- Los estudiantes no tardaron nada en darse cuenta de que el niño no encajaba, pero que yo sí, por lo que pronto me incluyeron en el grupo de los populares. A él, algunos lo empujaban o le chiflaban cuando lo veían pasar, pero la gran mayoría sólo lo ignoraba.

Pablo.- ¿Y él se quejaba?

Rita.- No.

Pablo.- No. ¿Qué iba a hacer en un mundo creado por un dios deforme?, ¿ no vivíamos en un oasis esclerótico?

Rita.- ¿Un dios?

Pablo.- Un dios avergonzado que nos hizo y después nos olvidó.

Rita.- ¿Qué dices?

Pablo.- (Pausa) Sigue.

Rita.- Entonces llegó aquel día, el momento desde el cual te amo.

Pablo.- Sigue.

Rita.-Tú no eras como todos, no estabas dispuesto a sólo ignorarlo, a no notarlo, sino que tenías que hacerle frente para demostrarle que ese mundo no era de él, sino el tuyo.

(En ese momento Rita se levanta de la silla y empieza caminar alrededor del niño por un par de rondas. Empieza música nerviosa)

Pablo.- Sí, lo rodeamos como lobos. Lo acorralamos y entonces hablé con él. (dirigiéndose al niño) ¿Quieres o no ser uno de nosotros?

Rita.- ¡No puedes quedarte aquí si sigues aferrándote a ser diferente; la perfección no pertenece aquí!

Pablo.- Eres una vergüenza.

Rita.- Eres un terco, un miserable, un meidocre…

Pablo.- ¿Y hablaba?

Rita.- ¡No, no decía absolutamente nada!

Pablo.- (Sacando una navaja del pantalón y entregándosela al espectro) Entonces tomé mi navaja. Se la puse entre las manos… Si quieres quedarte ya sabes qué hacer.

(El espectro toma la navaja, lentamente voltea a verla y súbitamente se la encaja en un ojo. Un grito suena en la sala mientras el espectro se desvanece y se reincorpora la luz. Rita aparece amarrada nuevamente)

Rita.- Desde entonces eres horripilantemente perfecto para mí.

Pablo.- ¿Lo soy? (la golpea y ella se excita; Pablo se excita por el recuerdo más que por golpeara)

Rita.- Lo eres, eres mi amor, tú eres el héroe de esa y de esta historia.

(Pausa)

Pablo.- (Muy digno) Entonces mientes. Me quieres por algo exterior a mí, no me quieres por quien soy, sino por lo que represento, tan sólo me quieres por mi fealdad y porque en ese momento me opuse a la belleza. Todo eso que admiras es un mero accidente.

Rita.- No, amor mío. Te quiero como eres y como serás.

Pablo.- ¿Incluso si fuera bello?

Rita.- Pero… Bello… bello… Tú no podrás ser nunca bello. Eres el icono de lo repugnante.

Pablo.- Gracias, amor. (La desata)

Rita.-  No me des las gracias.

Pablo.- ¿Puedo preguntarte una cosa…? Mi boca… ¿cómo huele?

(Rita ya no sabe qué contestar)

Rita.- Tu boca… tu boca…

Pablo.-¿Mi boca huele bien?

Rita.- No, amor mío. Tu boca, tu cabello, tus nalgas, todo de ti apesta.

Pablo.- Ah,… ahora que lo pienso… un día dejarás de amarme.

Rita.- ¡Imposible!

Pablo.- Mi boca no huele mal.

Rita.- Lo sé.

Pablo.- Entonces mentiste.

Rita.- Pues porque somos lo que somos.

Pablo.- (Dolido) Sí, pero un día no seré horrible, seré un viejecillo apacible, de aspecto noble, como un apóstol, sereno, y… entonces me dejarás solo y abandonado.

Rita.- Imposible que seas así.

Pablo.- Yo decreto que seré así.

Rita.- Pero, Pablo,…

Pablo.- Sí, dejarás de quererme, de idolatrarme y, por venganza, me dirás que soy un mediocre, como al niño, por oler bien y por verme (pausa) como una persona.

Rita.- No, nunca.

Pablo.- ¿Por qué se sacó los ojos el niño?

Rita.- Por terror.

Pablo.- ¿A qué?

Rita.- A no pertenecer a donde estaba.

Pablo.- (Ofreciéndole la navaja) Yo no voy a ser horrible para siempre.

Rita.- ¡Cállate! ¿Cómo puedes imaginar semejante horror? ¿Es que no me quieres?

Pablo.- Lo que sientes es absolutamente ficticio.

Rita.- Créeme, amor, confía, ¿cómo puedes imaginar que eres bello o que hueles bien…? ¿Qué podría hacer para quitarte de la cabeza esa estupidez?

(Pablo le ofrece la navaja)

Rita.- ¿Puedo apagar la luz? Así no notaré el antes y el después.

TELÓN

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