Escarlata, una palabra viajera

Escarlata es una palabra viajera, que ha cambiado de residencia, de forma y de lengua tanto como la situación lo ha requerido.

La palabra se ha referido a diversas cosas desde que emigró de los territorios del latín, cuando se refería a un paño fino y costoso.

La historia de su evolución es la que sigue:

Primero en Roma…

En primer lugar sigillatum se refería a lo que llevaba un sello (nuestra palabra sellado aún se le parece) en el latín clásico.

De ahí a Bizancio…

Después, acogida por el griego bizantino, σιγιλλᾶτος (sigillâtos), pasó a ser el referente a un tejido de lana o lino adornado, hasta donde se sabe, con formas circulares.

La conquista árabe…

Tras la expansión de la influencia árabe y su intercambio (poco) cultural con el mundo griego, nuestro sigillatum pasó a siqillâṭ, llamando así a los tejidos de seda adornados con oro.

Regreso con los moros…

En el siglo XIII, instaurados los árabes en España, país de lengua romance (hija del latín), se abrió la puerta para el regreso de esta palabra a Europa, con una nueva forma, ’iskirlâṭa, aludiendo al color, con semejanza al carmín, que ahora conocemos.

Sólo la historia y el tiempo podrán conocer el paradero de esta palabra viajera.

 

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